Cuando pensamos en una competición de aceite de oliva, solemos mirar al producto.
Pero hay otro elemento decisivo:
la persona que lo evalúa.
Un catador puede tener formación, experiencia y una gran memoria sensorial.
Y aun así sigue siendo humano.
Por eso la organización de una cata profesional debe proteger también la capacidad del jurado.
Cuatro AOVEs por sesión
AOVE WORLD CUP establece un máximo de cuatro AOVEs por sesión de cata.
Las muestras se presentan en copas normalizadas, oscuras y cubiertas, con aproximadamente 14–16 ml de aceite y una temperatura de preparación de 28 ±2 °C.
La sala se mantiene en condiciones adecuadas para la evaluación.
Entre sesiones sucesivas se establece un periodo mínimo de recuperación sensorial de 15 minutos.
Parar también forma parte del rigor
La Jefatura de Panel puede ampliar los descansos, modificar el orden de las sesiones, interrumpir temporalmente una cata o redistribuir muestras si considera que existe fatiga sensorial o cualquier circunstancia que pueda comprometer la evaluación.
Eso no es perder tiempo.
Es proteger el resultado.
Respetar al juez es respetar al productor
Cada botella presentada representa meses de trabajo.
Una cosecha.
Una inversión.
Una expectativa.
El productor merece que el aceite sea valorado por un jurado en condiciones que permitan realizar su trabajo con la mayor precisión posible.
Y el juez merece una organización que entienda que la excelencia sensorial también exige descanso, concentración y condiciones adecuadas.
La planificación de la competición deberá proteger tanto la calidad de la valoración como el bienestar y la capacidad sensorial del jurado.
Porque cuidar al jurado también es cuidar el resultado.